A Veces

Cuando nombraste todas las cosas y te pesa en los hombros lo ridículo y lo injusto y hay tanta inconmovible realidad a tu alrededor, te das cuenta de que sólo te quedan las cosas que amás, en algún momento y en alguna parte. Entonces todo parece una gran salina muy blanca en la cual estás parado, sin ser ni bueno ni malo: con tus cosas.

L.A. Spinetta

A veces no sé como encontrar la fuerza y la tranquilidad para sonreír. Incluso mis cosas se sienten extrañas y alejadas de toda familiaridad. Cuestiono mi felicidad cuando tan latente se siente esa realidad de desesperanza, plagada de sufrimiento.

A veces quiero renunciar a esta vida. Quiero rendirme y decir: “Chau,” como si eso me fuera a liberar. Pero parece que esa actitud es débil y tengo una fuerza que me controla a quedarme un día más.

A veces mi garganta lastima con la bronca que se quiere expresar en sollozos y golpes destructivos que buscan romper lo que tengan a mano, ya que no son rival contra la enormidad de la injusticia que parece más grande cada día.

A veces me olvido de respirar, porque “sobrevivir” no precisa de ese aire divino que uno inhala para sentirse vivo, ese aire puro que pone sonrisas en una cara que pudo haber sido cenizas. Porque “sobrevivir” se hace en modo automático; no hay porqué pensar, no hay porqué disfrutar.

A veces sólo quiero palabras depresivas para sentir la vida.

A veces me canso de caminar bajo el nubarrón, de que el Sol me evada y me deje sin color.

A veces la angustia me pesa como un ancla en el pecho y solo quiero estar en casa, llorar y dormir.

A veces me detesto por dejarme vencer esas veces y pensar que todo en esta vida está mal; por no dejarme apreciar la armonía y la felicidad, la compañía y la bondad; por no dejarme vivir en paz.

A veces me apuro, queriendo sacarme de encima todo lo que se siente peso, todo lo que consume mi tiempo, como si con hacerlo desvanecería aquello que detesto y me diera el tiempo que merezco; tiempo que se lleva al tiempo.

tiempo, tiempo, tiempo.

A veces no acepto la idea de que la vida sea una salteado de cosas que no gustan, con cosas que hacen feliz. Y el resto del tiempo no acepto que eso sea así.

A veces me condeno a terminar con todo eso que me disgusta, como buscando tiempo de gozo y sonrisas en una fábrica de producción negativa infinita.

(much)A(s) veces, sentada miro las sombras, esperando a que desaparezcan por sí solas, esperando al momento en el que la duda deje de pintar mi alma de angustia.

A veces hace falta volcar algunas palabras: palabras que asfixien, palabras que repriman, palabras que lloren, palabras que depriman. Uno a veces suena suicida, pero cuando a esas palabras se las suelta — cuando no se las traga — , uno ya no es rehén de ellas, uno se libera. Las palabras tristes las dejo ir porque son tan tontas cuando veo lo lindo que es sonreír.